martes 8 de diciembre de 2009

En primera fila para el fin del mundo


Hace años que tengo pesadillas con el fin del mundo. Desde pequeñito, las teorías de la colisión de un asteroide me aterraban tanto que no podía dormir. El ruido de un avión, o el de algún tractor que pasara por la calle, o cualquier cosa que tronase un poco más de la cuenta y yo no pudiese reconocer... me hacía saltar de la cama, nervioso, pensando que se acercaba el final.

Puede que sea una obsesión un poco estúpida, lo reconozco. Además estaba fundamentada en toda esa ola de películas catastróficas... "armageddon" "deep impact" "el dia de mañana"... y toda esta amenaza del cambio climático, y los desastres naturales.

Hoy ha sido un dia muy duro para mí. He llegado a casa, me he hecho unas palomitas al microondas, y me he sentado a ver la primera película que pusieran por la tele. Y curiosamente... han puesto "deep impact". Ya la habré visto unas cuatro o cinco veces. No precisamente porque valga mucho la pena, cinematográficamente hablando podríamos decir que es como ir varias veces a Huelva de turismo.
La película tiene el original argumento de un cometa enorme que se dirige a la tierra. Evidentemente nuestros amigos los americanos se aventuran a mandar una nave tripulada por los típicos héroes kamikazes, cargada de bombas atómicas para reventar al dichoso pedazo de roca... pero algo sale mal. El cometa se parte en dos, y la parte más pequeña cae en la tierra arrasandolo todo a su paso...

En fin. La cuestión es que algo está cambiando con el paso de los años. Últimamente tengo la sensación de mientras más tiempo pasa, más malentendidos, peleas, decepciones, frustraciones, desilusión, desesperanza, falta de fe... se me va acumulando en forma de pequeñas muertes diarias. Uno no termina nunca de ver que la suerte se balancée un poco y termine tocándonos, y después de dias como el de hoy, llegas a casa, pones la peli catastrófica de turno... y la ves con otros ojos.

De repente me parece que una evidencia tan contundente, una destrucción inminente tan incontestable, tan inevitable... totalmente nula de incertidumbres de cualquier tipo... arreglaría muchos de los despropósitos rutinarios que se me acumulan hasta el punto de verme totalmente incapaz de sentarme ante mi blog, y expresar lo que siento.

Creo que ese pánico al apocalipsis, cada dia va disminuyendo gradualmente con la misma intensidad con la que se acrecienta mi miedo a enfrentarme a un folio en blanco, a poner a prueba mi creatividad, mi vitalidad, mi capacidad de ilusionarme y de superarme.

Antes no era así. Antes podía ser presuntuoso y un poco arrogante cuando se trataba de retórica y de dialéctica. Antes, de algún modo, podía usar algún recurso, algún misil atómico que destruyera a ese gran asteroide de la desidia y la infelicidad y la insatisfacción con uno mismo... ese sentimiento de exclusividad, de magia, de que somos algo más que un accidente biológico absolutamente insignificante.

Ante esa tesitura, ser testigo del fin del mundo ha dejado de asustarme. Al menos, como dice Steve Buscemi, sarcástico en esa otra cagada de película que es "Armaggedon":

- ... asientos de primera fila para el fin del mundo"

miércoles 25 de noviembre de 2009

Help

La rutina matinal me resulta demasiado extraña. Me imagino a un tio, un trabajador, eslovaco, con mujer e hijos, al que de repente teletransportan a una discoteca española, a las cuatro de la mañana. Ni el idioma, ni los tiempos, ni el comportamiento, ni la distribución del tiempo libre... yo no se que cojones hacer por la mañana.
El otro dia me dijo una amiga que el metabolismo tiene algo que ver. Que por lo visto hay gente que no funciona a ciertas horas, que tiene un metabolismo nocturno y que por mucho que se acostumbre a despertarse temprano... no le va bien la cabeza. No son capaces de relacionarse, o de crear, o de hacer ciertas cosas que puede hacer a otras horas del dia sin problema. Y yo por ejemplo, solo puedo escribir cosas interesantes (si acaso lo son) a las nueve de la mañana, si es porque acabo de llegar a mi casa y estoy a punto de caer muerto en la cama.

Pero hoy no. Hoy resulta que eran las ocho y yo no podía dormir más. Ya he desayunado dos veces, son las nueve y vente, y estoy escribiendo en mi blog. Así que me pregunto si toda mi vida no se ha basado en una mentira enorme, y mi metabolismo en realidad era más diurno que otra cosa, y todo lo que hacía antes y que consideraba interesante, como el 99% de los post que he publicado aqui... no son más que fruto de un gran engaño, de un tio empeñado en vivir a deshora y convencido de que funcionaba mejor así.
En realidad sería mucho más inquietante que estuviera diciendo algo muy interesante ahora mismo, ya que tendría que plantearme todo esto de verdad. Pero no deja de ser preocupante ya que a pesar de que no estoy nada fino, no puedo evitar cuestionarme si a lo mejor es que no debería tener un blog, y tendría que asumir que tengo que salir a la calle, y enfrentarme a la rutina de las viejas fregando las puertas en la calle, las furgonetas de reparto sobre las aceras obstaculizando el tráfico, los niños yendo al colegio, los programas de política en la televisión...

A veces me pregunto en que punto de mi vida decidí perderme todo eso, y me autoconsideré nocturno, y me creí con legitimidad para ponerme a escribir, y a tocar en un grupo, y a intentar hacer cine, y a querer ligarme a las gatas.

Quizás todo el fracaso se deba a que me iría mejor desayunando, poniéndome al dia en política, saludando a mis vecinas, dejando el coche sobre la acera, mientras reparto botellas de coca cola...

Sea como sea, hoy necesito ayuda

viernes 13 de noviembre de 2009

Big bang

Que de verdad no tenga nada que decir... es algo lo suficientemente importante como para decirlo.

sábado 7 de noviembre de 2009

factoría de melancolía

Un terremoto emocional endemoniado
un Jaguar que nos observa desde la espesura de la selva

Una cinta de seda alrededor... de una bomba de relojería, a punto de estallar.

Una maniobra de nunca atracar
un perfume de aromas orientales
un desayuno con tamales
un accidente previsto en los planes
el artista equilibrista, el aragonés errante...
a punto de traspiés.

Una lágrima como una perla, que vuelve al mar
sea como sea...

Suplicando
por algún tipo de relación digna de llamarse humana
que lleve la pena y la quebrada
en el bolsillo del corazón

Una de esas malas compañías
factoría de melancolía
que no vienen "a ver si pueden"
sino porque pueden vienen

Un indígena alienígena... que solamente debe...

justicia poética!

una contienda contenida y loca
un beso en la boca de la botella...
de flor de caña, gran reserva
sobre una mesa repleta
de vasos vacíos
y limones exprimidos

y una sed de ilusiones infinita!

donde nacen y mueren
las acciones que brillan
en el tiempo que contempla
un mundo hecho a medida
no solo del que siembra
sino del que es semilla



El reto sigue estando en pie: que alguien sepa argumentarme por qué Bunbury no se merece todo mi amor más profundo.

miércoles 4 de noviembre de 2009

tengo un tachón

Yo no era el hombre infinito
me cansa la pesadez de la buardilla
tengo huevos de oca en el sótano
No soy el hombre infinito, insisto

Me afeité mal el bigote
y ahora tengo un tachón
donde se habrán ido las ratas?
hay un hueco en mi colchón

Quiero meter la palabra "corazón" en algún sitio
pero lo tienes relleno de pollas
no me caben más nombres en la cabeza
así que llamaré al telepizza

Llevo una percha en el bolsillo
por si tengo que preguntarte
soy un pesado, lo admito
pero no soy el hombre infinito

lunes 2 de noviembre de 2009

Cola cao en polvo

Recuerdo la primera vez que me dijeron algo que no pude entender de ninguna forma. Algo que me parecía tan asumido y tan obvio que cuando me lo dijeron, mi concepción del mundo cambió drásticamente llevándose consigo un buen chute de mi inocencia. Fue el dia en que un amigo de mi clase, cuando andaba yo por tercero de primaria, me dijo que no le importaba que cinta pusiera en la minicadena, que a él no le gustaba la música.



A dia de hoy creo que sigue siendo una de las cosas que más duras que he oído. Luego pequeñas decepciones que no le llegaban ni a los tobillos a esta: el que me dijo que no le gustaba el chocolate, el que no se masturbaba, el que me dijo que no le gustó "Adaptation. El ladron de orquídeas", todas las mujeres que han pasado por mi vida cuando me decían que no les gustaba Bunbury, o aquella que me dijo que Cortázar no le transmitía nada...
Aunque la inocencia se recupera. A veces te crees de vuelta de todo y te sorprenden revelándote pequeñas cosas que estaban ante tus ojos y no supiste ver nunca. Entonces eres tú el que se convierte en el que se carga todo lo asumido y desmorona un poco la inocencia.
Pero te pueden invitar a comerte el cola cao en polvo a cucharadas, un dia, de repente.

En esas ocasiones, suelo decir que han resucitado a la música.

lunes 26 de octubre de 2009

Perspectiva de un ladrillo

Tumbado en la cama, mirando las aspas inmóviles del ventilador de techo, adivinándolas en la oscuridad que viola de forma cómplice ese pequeño haz de luz que entra por una pequeña obertura de la persiana. Un error del fabricante, en realidad.

Liándome un porro, pensando en poner algo de música. Pon algo. Una vieja canción de blues, quizás. Algo que parezca, como mínimo, tener algún tipo de sentido interno, para entretener a mi conciencia mirando las notas danzar, o para demostrarle que existe el sentido en algo.

¿Qué hora será? Deben ser las seis. Si, las seis. O... si, las seis y media... o las ocho. Son las ocho y media o las diez, como mínimo.

Y ahora qué.

Estoy oyendo el sonido de una guitarra acústica, que se cuela de alguna parte. Una melodía errática, a ratos conmovedora. Sin duda esa cancioncilla improvisada es la cosa más cargada de vida que veo en muchísimo tiempo. No suena muy bien, pero al fin y al cabo la vida tampoco es tan maravillosa, si nos ponemos matemáticos.
Mira alrededor: un cenicero lleno de colillas, rebosantes, polvorientas. Fotografías; tickets del cine, media botella de ron miel que nos sobró la última vez. Películas, discos, fotos, libros, anotaciones absurdas, falsos propósitos de enmienda apuntados en una hoja de papel, como si publicarlos en ella fuese a obligarme de algún modo a encontrar una respuesta.

Pequeños retales de mi pasado y mi personalidad desperdigados en imágenes y palabras. Y todas esas cosas cubiertas de polvo, y desenfocadas por el efecto del humo flotante en la habitación.

Exacto.

Me gustaría tener un espejo en el techo para poder observarme un momento como si pudiese salir de mi cuerpo y analizarme con objetividad. Seguramente me fijaría en mi brazo derecho, estirado como buscando algo, y mi ojo izquierdo medio cerrado, y los dedos de mis pies intentando acariciarse torpemente, sin ponerse de acuerdo.

El humo estancado. Humo estancado...

el sonido del ordenador
el ruido de fondo
la colorimetría absurda

Las espinas que no pinchan. El placer que no duele. El dolor que no da placer. La vida vista de la perspectiva de un ladrillo, quieta, en movimiento. Lo que ocurre cuando no ocurre nada.

La realidad.