
Hace años que tengo pesadillas con el fin del mundo. Desde pequeñito, las teorías de la colisión de un asteroide me aterraban tanto que no podía dormir. El ruido de un avión, o el de algún tractor que pasara por la calle, o cualquier cosa que tronase un poco más de la cuenta y yo no pudiese reconocer... me hacía saltar de la cama, nervioso, pensando que se acercaba el final.
Puede que sea una obsesión un poco estúpida, lo reconozco. Además estaba fundamentada en toda esa ola de películas catastróficas... "armageddon" "deep impact" "el dia de mañana"... y toda esta amenaza del cambio climático, y los desastres naturales.
Hoy ha sido un dia muy duro para mí. He llegado a casa, me he hecho unas palomitas al microondas, y me he sentado a ver la primera película que pusieran por la tele. Y curiosamente... han puesto "deep impact". Ya la habré visto unas cuatro o cinco veces. No precisamente porque valga mucho la pena, cinematográficamente hablando podríamos decir que es como ir varias veces a Huelva de turismo.
La película tiene el original argumento de un cometa enorme que se dirige a la tierra. Evidentemente nuestros amigos los americanos se aventuran a mandar una nave tripulada por los típicos héroes kamikazes, cargada de bombas atómicas para reventar al dichoso pedazo de roca... pero algo sale mal. El cometa se parte en dos, y la parte más pequeña cae en la tierra arrasandolo todo a su paso...
En fin. La cuestión es que algo está cambiando con el paso de los años. Últimamente tengo la sensación de mientras más tiempo pasa, más malentendidos, peleas, decepciones, frustraciones, desilusión, desesperanza, falta de fe... se me va acumulando en forma de pequeñas muertes diarias. Uno no termina nunca de ver que la suerte se balancée un poco y termine tocándonos, y después de dias como el de hoy, llegas a casa, pones la peli catastrófica de turno... y la ves con otros ojos.
De repente me parece que una evidencia tan contundente, una destrucción inminente tan incontestable, tan inevitable... totalmente nula de incertidumbres de cualquier tipo... arreglaría muchos de los despropósitos rutinarios que se me acumulan hasta el punto de verme totalmente incapaz de sentarme ante mi blog, y expresar lo que siento.
Creo que ese pánico al apocalipsis, cada dia va disminuyendo gradualmente con la misma intensidad con la que se acrecienta mi miedo a enfrentarme a un folio en blanco, a poner a prueba mi creatividad, mi vitalidad, mi capacidad de ilusionarme y de superarme.
Antes no era así. Antes podía ser presuntuoso y un poco arrogante cuando se trataba de retórica y de dialéctica. Antes, de algún modo, podía usar algún recurso, algún misil atómico que destruyera a ese gran asteroide de la desidia y la infelicidad y la insatisfacción con uno mismo... ese sentimiento de exclusividad, de magia, de que somos algo más que un accidente biológico absolutamente insignificante.
Ante esa tesitura, ser testigo del fin del mundo ha dejado de asustarme. Al menos, como dice Steve Buscemi, sarcástico en esa otra cagada de película que es "Armaggedon":
- ... asientos de primera fila para el fin del mundo"

